Fecha de presentación: enero, 2020 Fecha de aceptación: febrero, 2020
Fecha de publicación: abril, 2020

Dr.C. José Bohórquez Zavala[1]
jbohorquez@uteg.edu.ec
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2212-2677
Mag. Edith Katherine Caicedo Alvear[2]
edithcaicedoa-1987@hotmail.com
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3107- 3574
Cita sugerida (APA, sexta edición)
RESUMEN
ABSTRACT
Keywords: bornout, síndrome, SMEs, exhaustion, occupational stress
INTRODUCCIÓN
La palabra trabajo proviene del latín “tripalium”, en referencia a un instrumento de tortura para
castigar a las personas que, al perder el derecho a la libertad, fueron
sometidas a trabajos forzados. Desde un punto de vista religioso, el
hombre estaba condenado a trabajar porque Eva y Adán constituían
pecado. En el Génesis, el trabajo se considera el castigo sobre el que el
hombre tendrá que trabajar, y con sudor, conseguir su alimento para sobrevivir.
Esta concepción es religiosa y
cultural-familiar. La concepción religiosa se asocia con los valores de la
cultura familiar y la influencia de personas significativas, se estructura en
sentido personal y único que se sitúa entre la obligación y el placer de
trabajar. El trabajo puede ser un castigo (Agudelo, Castaño, Arango,
Durango, & Muñoz, 2016). Hay,
sin embargo, una connotación de sufrimiento, culpa y castigo que, por otro
lado, percibe al hombre moderno que le cuesta dar sentido a la vida si no fuera
por el trabajo. En este sentido, el trabajo significa necesidad y razón de
vida.
Así, nuevas teorías han sugerido que el concepto de
trabajo debe ser re-concebido con experiencia de vida saludable, respeto,
compromiso y que contribuya a la calidad de vida. El trabajo forma la identidad
del individuo, la profesión del individuo caracteriza su ser, el individuo es
su profesión. Los diferentes espacios de trabajo ofrecidos constituyen
diferentes oportunidades para la adquisición de atributos calificativos de la
identidad del trabajador (Torres P. , 2016).
Desde el punto de vista psicológico, el trabajo
provoca diferentes grados de motivación y satisfacción, principalmente en
cuanto a la forma y el entorno en el que se realiza la tarea. A medida que el
individuo se inserta en el contexto organizacional, está sujeto a diferentes
variables que inciden directamente en su trabajo (Aldrete, 2016). Actualmente, existe una preocupación por la
salud del individuo en este contexto, ya que se relaciona principalmente con la
productividad de la empresa.
Es decir, para lograr productividad y calidad es
necesario contar con personas sanas y calificadas. Por otro lado, la
organización actúa de una forma en la que el individuo a menudo es presionado,
lo que lo lleva a estados de enfermedad, insatisfacción y
desmotivación. Entre estos, se encuentran la fatiga, los trastornos del
sueño, el alcoholismo, el estrés y el síndrome de Burnout.
De hecho, dependiendo de su forma de ser, las
personas pueden vivir sus propias experiencias laborales. Las diferencias individuales
son un componente importante, que funcionan de una forma u otra en el trabajo (Torres E. , 2018). En una perspectiva interaccionista que
considera un ajuste dinámico entre persona, lugar de trabajo y organización, se
puede observar que el ajuste no siempre es el adecuado, y cuando lo es, el
individuo tiende a darse cuenta de que no tiene suficientes recursos para
ajustarse, el resultado es un estado de estrés. Estas experiencias son
generalmente negativas y pueden tener consecuencias graves y, a menudo,
irreparables para la salud y el bienestar físico, psicológico y social (Apiquian, 2017).
También se advierte que aumenta el número de
enfermedades directamente relacionadas con el estrés y, concomitantemente, la
preocupación por las formas de prevención y cura. El estrés y sus estados
crónicos afectan directamente la ejecución de la tarea y el desarrollo del
trabajo (Ruiz I. , 2016).
E incluso el trabajo que motiva y gratifica, cuando se hace con determinación,
requiere esfuerzo, capacidad de concentración, razonamiento, implica desgaste
físico y / o mental, se actua sobre la calidad de
vida.
Muchos autores afirman que las relaciones con otras
personas en el lugar de trabajo son una fuente de estrés. Y en este
sentido, el término Burnout aparece a mediados de la década de 1970, que en
sentido literal significa “estar exhausto” o “quemado”, y que es característico
de las profesiones de ayuda, servicios humanos o aquellas profesiones que
consisten principalmente en ofrecer servicios humanos directos y de alta
relevancia al usuario (Ruiz G. , 2015).
Cabe señalar que el Burnout está formado por varios
estados sucesivos que se producen a lo largo del tiempo y representan una forma
de adaptarse a las fuentes de estrés. Así, el Burnout y el estrés son
fenómenos que expresan su relevancia para la salud del individuo y la
organización (Esteras, Charot, & Sandín, 2018). Por lo tanto, al considerar la calidad de vida en
el trabajo, a fin de abarcar aspectos de bienestar biopsicosocial y salud, se
deben tomar medidas de prevención y tratamiento para que estos estados no
afecten a la organización de manera que obstaculice la productividad y el
desarrollo, ni siquiera al individuo en su salud y calidad de vida.
Se agrega que, a la hora de tomar medidas, ya sean
de prevención o de tratamiento, es necesario conocer los conceptos de dichos
estados en su esencia, para que no se produzcan distorsiones como suele
ocurrir, refiriéndose al Burnout como sinónimo de estrés, cuando en realidad se
trata de una respuesta al estrés crónico. Sin embargo, es relevante
asociar estos términos relacionándolos con la práctica dentro del contexto
organizacional (Lasagni, Álvarez, & Rando, 2017).
La salud mental del trabajador
La organización del trabajo ejerce una acción
específica sobre el hombre, cuyo impacto es el aparato psíquico (Journals, 2018). En determinadas condiciones, emerge un
sufrimiento que puede atribuirse al choque entre una historia individual,
portadora de proyectos, esperanzas y deseos, y una organización del trabajo que
los ignora. Este sufrimiento, de carácter mental, comienza cuando el
hombre, en el trabajo, ya no puede realizar cambios en su tarea para adecuarla
más a sus necesidades fisiológicas y deseos psicológicos, es decir, cuando la
relación hombre-humano el trabajo está bloqueado (Dala, 2018).
La salud y la enfermedad no son fenómenos aislados
que puedan definirse en sí mismos, pues están profundamente vinculados al
contexto socio-económico-cultural, tanto en su producción como en la percepción
del conocimiento que investiga y propone soluciones (Maschal, 2017). Todas las concepciones de enfermedad
presuponen una norma objetiva que permite determinar un modelo
referencial. Esto es superlativamente evidente cuando se trata de
enfermedades mentales.
Para medir lo que es o no razonable en una conducta
será necesario compararla consigo misma y con otras conductas comúnmente
aceptadas en cada sociedad y en un momento histórico determinado (León, León, & Cantero,
2016). Este criterio
comparativo, al tiempo que permite establecer la norma a partir de la
observación de la desviación y promoverla autoritariamente en la práctica,
permite articular la historia individual y la historia de la sociedad,
entendiéndolas como un cambio progresivo e interdependiente.
Y el sufrimiento del individuo repercute en su
estado de salud y también en su desempeño, ya que hay cambios y / o
disfunciones personales y organizativas. Este sufrimiento proviene de
sentimientos generados por diferentes aspectos y que afectan a la organización
en todo su contexto (Aranda & Pando, 2016). Los sentimientos como generadores de
disfunciones son numerosos y entre ellos se encuentran:
Sentimiento de indignidad: vivido como la vergüenza
de ser robótico, de no ser más que un apéndice de la máquina, a veces de estar
sucio, de no tener más imaginación o inteligencia, etc. (Ramos, 2017);
Sensación de inutilidad: percibida por la falta de
cualificación y finalidad del trabajo, ya que muchas veces no conocen el
significado de su trabajo en relación con la actividad de la organización en su
conjunto (Ortiz, y otros, 2019);
Sensación de descalificación: cuyo significado
resuena no solo contigo sino con el entorno laboral.
La experiencia depresiva condensa de alguna manera
los sentimientos de indignidad, inutilidad y descalificación,
expandiéndolos. Esta depresión está dominada por el cansancio (Olivares, Mena, & Jélvez,
2018). Cansancio que
proviene no solo de los esfuerzos musculares, sino también de los psico sensoriales.
Asociados con el cansancio, porque también son
importantes, están:
Fatiga - resultante de la sobrecarga de trabajo;
Insatisfacción - resultante de la confrontación con
la esfera de aspiraciones, motivaciones o deseos;
Satisfacción - la satisfacción laboral ocupa un
lugar fundamental en el problema de la relación salud-trabajo. A menudo,
desatendida o desconocida, es causa no solo de numerosos sufrimientos somáticos
de determinismo físico directo, sino también de otras enfermedades del cuerpo
mediadas por algo que afecta al aparato mental;
Frustración: resultante de un contenido
significativo inadecuado al potencial y las necesidades del individuo;
Angustia - resultante de un conflicto intrapsíquico, es decir, de una contradicción entre dos
impulsos irreconciliables (dos impulsos, dos deseos...); (Gonzalez, 2019)
Miedo - está presente en todo tipo de ocupaciones
profesionales, especialmente aquellas que están expuestas a riesgos
relacionados con la integridad física. Una prueba más de la existencia e
intensidad del miedo la proporcionan los problemas de sueño y, sobre todo, el
consumo de psicofármacos;
Ansiedad, tensión nerviosa y carga psico sensorial - relacionada con el miedo, generalmente
resultado de la vigilancia, concentración y memorización, contribuyendo al
sufrimiento sentido;
Ansiedad - en una organización se identifica
fácilmente en relación al desempeño de cada individuo, principalmente
relacionado con productividad, ritmo, cuotas de producción, ingresos, premios y
bonificaciones;
Agresividad, hostilidad y perversidad - generada por
las relaciones laborales, es decir: con la jerarquía, liderazgo, supervisión,
otros trabajadores;
Alcoholismo;
·Uso de drogas (Hernandez, Juarez, Arias,
Dickinson, & Eloisa, 2019).
En los últimos 15 años, el estrés ha sido objeto de
estudio por muchos investigadores, ya que es evidente su relación con la
salud. Las tres principales causas de mortalidad son el cáncer, las
enfermedades cardíacas y cerebrovasculares, y que el estrés aparece como un
factor de riesgo relevante. Lo que justifica el progresivo interés en su
prevención y control, así como en el tratamiento (Montenegro, 2017).
El término estrés proviene de la física, y en este
campo del conocimiento tiene el sentido del grado de deformidad que sufre una
estructura cuando se somete a un esfuerzo. Fue Hans Selye en 1926 quien utilizó
este término por primera vez, y quien denominó estrés al conjunto de reacciones
que desarrolla un organismo cuando se somete a una situación que requiere un
esfuerzo para adaptarse a ella (Mariños, Otero, Tomateo, & Málaga, 2018).
Fisiológicamente, el estrés es el resultado de una
reacción que tiene el cuerpo cuando es estimulado por factores externos desfavorables. La
primera reacción del organismo, en estas circunstancias, es una descarga de
adrenalina, y los órganos que más se sienten son los sistemas circulatorio y
respiratorio (Agudelo, et al. 2016).
En el sistema circulatorio, la adrenalina promueve
una aceleración de la frecuencia cardíaca, taquicardia y una disminución del
tamaño de los vasos sanguíneos periféricos. En este sentido, la sangre
circula más rápidamente para una mejor oxigenación, principalmente de los
músculos y el cerebro, ya que había poca sangre en la periferia, lo que también
reduce el sangrado en caso de lesiones superficiales.
En el sistema respiratorio, la adrenalina promueve
la dilatación de los bronquios, la broncodilatación,
e induce un aumento de los movimientos respiratorios, taquipnea, por lo que hay
una mayor captación de oxígeno, que será transportado más rápidamente por el
sistema circulatorio, también debidamente preparado por la adrenalina. Cuando
pasa el peligro, el cuerpo se detiene con la sobreproducción de adrenalina y
todo vuelve a la normalidad (Amador, 2017). En
el mundo de hoy, está claro que las situaciones no son tan simples y el peligro
y la agresión siempre están presentes. Es por eso que la reacción del
cuerpo al estrés es taquicardia, palidez, sudoración y
sibilancias. También puede haber una presión arterial descontrolada, se provoca
un aumento de la presión a niveles muy altos, pero eso no significa que la
persona sea hipertensa.
El estrés es una relación particular entre una
persona, su entorno y las circunstancias a las que es sometida, que se evalúa
como una amenaza o algo que exige más que la propia habilidades o recursos y eso
pone en peligro su bienestar. Sin embargo, cabe señalar que el estrés por
sí solo no es suficiente para desencadenar una enfermedad orgánica o causar una
disfunción significativa en la vida de la persona (León, León, & Cantero,
2016). Para que esto
ocurra, es necesario que se cumplan otras condiciones, como la vulnerabilidad
orgánica o una forma inadecuada de evaluar y afrontar la
situación estresante.
Al abordar el estrés laboral, estos mismos autores
lo consideran como aquellas situaciones en las que el individuo percibe su
entorno laboral como amenazante, cuando sus necesidades de realización personal
y profesional, y / o su salud física o mental, perjudican la interacción esto
con el trabajo y este entorno tiene excesivas exigencias o que no contiene los
recursos adecuados para afrontar tales situaciones (Journals, 2018).
El estrés laboral se debe a las tensiones asociadas
al trabajo y la vida profesional. Los agentes de estrés vinculados al
trabajo tienen diferentes orígenes: condiciones externas (economía, política) y
exigencias culturales (demandas sociales y familiares). Sin embargo, se ha
señalado que la fuente de tensión más importante es la condición interior.
Se explica cómo estresores del entorno físico:
ruido, iluminación, temperatura, higiene, intoxicación, clima y disposición del
espacio físico para el trabajo (ergonomía); y como principales exigencias
estresantes: trabajo por turnos, trabajo nocturno, sobrecarga de trabajo,
exposición a riesgos y peligros (Nidia & Almanza, 2019). Así, el trabajo, además de posibilitar el
crecimiento, las transformaciones, el reconocimiento y la independencia
personal y profesional, también genera problemas de insatisfacción, desinterés,
apatía e irritación.
Los valores de salud y enfermedad se construyen, en
la empresa, bajo el enfoque de la productividad, bajo los principios que se
adoptan de la responsabilidad social y el valor que se le da a la preservación
de las personas, las historias de accidentes laborales y la propia cultura de
la organización. (Apiquian, 2017) La presión organizacional lleva al individuo a
estados de estrés, que inciden directamente en la Calidad de Vida Laboral.
El estrés no siempre es dañino, sin embargo, el
estrés prolongado es una de las causas del agotamiento, que puede conducir al
agotamiento. Es decir, el estrés puede conducir o no a un desgaste general del
organismo en función de su intensidad, duración, vulnerabilidad del individuo y
capacidad para gestionarlo (Amador, 2017).
La salud y la enfermedad no son fenómenos aislados que se puedan definir en sí
mismos, sino que están vinculados al contexto socio-económico-cultural, tanto
en su producción como en la percepción del conocimiento que investiga y propone
soluciones.
Se afirman que el estrés es un estado intermedio
entre la salud y la enfermedad, un estado durante el cual el cuerpo lucha
contra el agente causante de la enfermedad. Cuando se enfrenta a un
agresor (factor estresante), el cuerpo reacciona (Torres P. , 2016). Esta reacción tiene tres etapas: alarma,
resistencia y agotamiento. La fase de Alarma consiste en una fase muy rápida de
orientación e identificación del peligro, se prepara el cuerpo para la propia
reacción, es decir, la fase de resistencia. En ocasiones las sensaciones
no se identifican como estrés, por lo que muchos no se dan cuenta de que se
encuentran en ese estado.
La fase de Resistencia es una fase que puede durar
años. Es la forma en que el cuerpo se adapta a la nueva
situación. Forma parte del estrés total del individuo y se produce de dos
formas básicas: sintóxica (tolerancia y aceptación) y
catotóxica (en contra, no aceptación) (Gonzalez, 2019). Esto ocurre cuando la persona intenta
adaptarse a la nueva situación, restableciendo el equilibrio interno. La fase
de Agotamiento consiste en la extinción de las resistencias, ya sea por la
desaparición del estresante, el agresor, o por el cansancio de los mecanismos
de resistencia. Entonces, es en este caso que el resultado será el de la
enfermedad o incluso un colapso.
Los trastornos psicológicos en el trabajo
constituyen una de las diez categorías frecuentes de "enfermedades"
profesionales. Varios estudios han mostrado diversidad de variables
organizacionales, que contribuyen a situaciones que provocan reacciones
psicológicas y psicosomáticas (Gomero, Palomino, Ruiz, & Llapyesán, 2020). El estrés tiene un alto costo para las empresas ya
que refleja directamente la productividad a través de ausencias, horas de
trabajo perdidas, desperdicio de material de trabajo y altos costos en la
atención médica y, además, puede dañar la imagen de la empresa.
Así, el interés actual por los efectos y
consecuencias del estrés en los contextos laborales responde a varias razones,
pero principalmente a los costos económicos derivados, tanto para los individuos
como para las organizaciones. La
relación del hombre con la organización del trabajo es la fuente de la carga
psíquica del trabajo (Journals, 2018). Cuando
el reordenamiento de la organización del trabajo ya no es posible, cuando la
relación del trabajador con la organización se bloquea, comienza el
sufrimiento.
El concepto de Burnout surgió en Estados Unidos a
mediados de la década de 1970, para explicar el proceso de deterioro en el
cuidado y atención profesional de los trabajadores en las
organizaciones. A lo largo de los años, este síndrome de “burn out” se ha establecido como
una respuesta al estrés laboral crónico integrado, debido a actitudes y
sentimientos negativos.
No existe una definición unánime de este síndrome,
existe consenso en considerar que aparece en el individuo como respuesta al
estrés laboral (Agudelo, et al. 2016). Es una experiencia subjetiva interna que
agrupa sentimientos y actitudes y tiene un rostro negativo para el individuo,
ya que implica cambios psicofisiológicos, problemas y disfunciones con
consecuencias nocivas para la persona y la organización.
Se afirma que el Burnout es el resultado del
agotamiento, la decepción y la pérdida de interés por la actividad laboral que
surge en profesiones que trabajan en contacto directo con personas en servicio
como consecuencia de este contacto diario en su trabajo (Ruiz D. , 2016). Algunos investigadores hicieron propuestas de
delimitación conceptual y así establecieron procedimientos y criterios para el
diagnóstico diferencial. Se correlacionan fatiga emocional, física y
mental, sentimientos de impotencia e inutilidad, falta de entusiasmo por el
trabajo, por la vida en general y la baja autoestima con estados que combinan
este síndrome.
En la definición de Maslach
y Jackson (2018), encontramos el agotamiento nervioso y la despersonalización,
donde la primera puede ser entendida por la situación que sienten los
trabajadores cuando ya no pueden darse emocionalmente, es una situación de
agotamiento de la energía de los recursos emocionales. Ellos mismos, una
experiencia de agotamiento emocional, debido al contacto diario que se mantiene
con las personas que van a servir como objeto de trabajo (León, León, & Cantero,
2016). El
desarrollo de sentimientos y actitudes negativas y cinismo por las personas que
reciben el trabajo. Estas personas son vistas por los profesionales de
forma deshumanizada, etiquetadas negativamente, debido a un endurecimiento
emocional y los profesionales todavía las responsabilizan
de sus problemas. Se ha afirmado que el Burnout estaba
estrictamente vinculado a los profesionales de la salud, quienes luego
perdieron el interés, la empatía y el respeto por sus pacientes.
La falta de realización personal en el trabajo
constituye la tendencia de estos profesionales a autoevaluarse negativamente y,
de manera especial, esta valoración negativa afecta la capacidad para realizar
el trabajo y la relación con las personas a las que sirven. Los
trabajadores están descontentos consigo mismos y descontentos con sus
resultados en el trabajo (Ramos, 2017).
Una vez aplicada la encuesta a los trabajadores de
las PYMES del sector servicios, y tabulado los resultados, se tienen los
siguientes resultados:
Tres de cada diez trabajadores dijeron estar
emocionalmente cansados del trabajo más de una vez a la semana,
el 35% informó sentirse exhausto con la misma frecuencia. En el 11% de los
casos, el cansancio aparece todos los días, por la mañana, con la perspectiva
de otra jornada laboral. El estrés laboral diario es del 14%. Sin
embargo, la mayoría de los encuestados considera que desempeñan bien sus
deberes profesionales.
El 22% de los encuestados que tomaron medicación
para combatir el estrés indicó un período de tratamiento mínimo de tres años
Entre las explicaciones del descontento con el trabajo, destacamos el contenido
de las propias funciones, que los trabajadores ven como una posibilidad de
progresión profesional, y la mala relación con los superiores jerárquicos.
De aquellos que sienten falta de apoyo por parte de
jefes o supervisores en momentos de estrés, el 50% están en riesgo de
agotamiento. Solo el 19% de quienes afirman ser apoyados se encuentran en
la misma situación. Falta de asistencia, pero desde el departamento de recursos
humanos, el 71% de los encuestados se queja. De estos, el 47% muestra signos
de estrés crónico cuando hay apoyo, solo el 12% está en riesgo.
En el 77% de los casos, se dice que los encuestados
son trabajadores fijos, es decir, con contrato a plazo incierto, y tres cuartas
partes trabajan total o parcialmente en el área en la que se especializan en
términos profesionales o académicos. De los que tienen educación superior,
el 81% trabaja en su área de especialización.
La diferencia entre trabajar o no trabajar en el
área de especialización no parece reflejarse en las cifras de 'burnout': el 30%
de los que trabajan en su área están en riesgo, frente al 33% de los que no lo
hacen. Alrededor de un tercio de los encuestados reveló que la profesión afecta
negativamente su calidad de vida y el 35% dijo lo mismo con respecto a la
salud.
Sin embargo, según el estudio, quienes siguen un
estilo menos saludable, es decir, quienes fuman, consumen alcohol, recurren a
drogas ilícitas y / o duermen menos de seis horas al día parecen estar en mayor
peligro del síndrome 'burnout' que quienes tienen hábitos estilos de vida más
saludables. Aproximadamente una quinta parte de los encuestados dijeron que
habían tomado medidas contra el estrés en los últimos cinco años. La
mayoría (78%) tomaba medicación, así mismo el 55% optaba por el ejercicio
físico y el 26%, por la psicoterapia.
CONCLUSIONES
Cuando la presión en el trabajo se vuelve excesiva, se
torna difícil de manejar y puede convertirse en estrés crónico y afectar la
vida personal y familiar, la salud y, por supuesto, el desempeño profesional de
la persona.
Es evidente la importancia del bienestar y la salud
de la persona en el trabajo, ya que es en el trabajo donde el ser humano pasa gran
parte del tiempo. La calidad de vida está directamente relacionada con las
necesidades y expectativas humanas y su satisfacción corresponde al bienestar
del individuo en el entorno laboral, expresado a través de relaciones
saludables y armoniosas.
Actualmente, el estrés no solo se percibe como
perjudicial para los trabajadores, sino principalmente para la organización que
gasta altos costos en absentismo, accidentes, enfermedades, conflictos,
abandono y desinterés, constatado en todos los niveles de trabajo. La calidad
de vida en el trabajo es una comprensión integral y comprometida de las
condiciones de vida en el trabajo, que incluye aspectos de bienestar, garantía
de salud y seguridad física, mental y social, y capacitación para realizar las
tareas de manera segura y con un buen uso de la energía gente. No depende
solo de una parte, es decir, depende tanto del individuo como de la
organización, y este es el desafío que cubre al individuo y la organización.
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