Fecha
de presentación: septiembre, 2021 Fecha de aceptación: noviembre, 2021 Fecha de
publicación: enero, 2022
Estructura sistémica de las ciencias: una propuesta
metodológica urgida
Systemic structure of sciences: an urgent methodological proposal
PhD.
Rogelio Bermúdez Sarguera[1]
ORCID: http://orcid.org/000-0003-3293-9242
PhD.
Marisela Rodríguez Rebustillo[2]
rebustillo.marisela@gmail.com
ORCID: http://orcid.org/0000-0003-3268-4593
Cita sugerida (APA, séptima edición)
Bermúdez Sarguera, R. y Rodríguez Rebustillo,
M. (2022). Estructura
sistémica de las ciencias: una propuesta metodológica urgida. Revista
Mapa, 1(26), 1 – 19.
http://revistamapa.org/index,php/es
RESUMEN
El presente artículo focaliza la
estructura general de las ciencias y, en consecuencia, sus cuerpos cognitivo-teórico
y metodológicos. Con el objetivo
de identificar los niveles estructurales que a la ciencia debieran
corresponderle, así como los elementos que los conforman, se ha aplicado
fundamentalmente el denominado enfoque sistémico-estructural, considerado por
los autores presentes como un método de procesamiento de la información
recopilada en la investigación, a modo de ubicar dentro del sistema de relaciones
de generalidad pertinente cada uno de dichos elementos. Asimismo, se consideró
lícito definir los conceptos tratados, en aras de la configuración del sistema
teórico al que se apunta y advertir el grado de supraordinación, subordinación
y concomitancia de aquellos, cuyo resultado se obtiene en virtud de la
aplicación del método analítico-sintético como método intelectual de
procesamiento de la información recopilada, de acuerdo con la clasificación de
los métodos de investigación realizada por los mismos autores. El resultado
preponderante conseguido se halla en el sistema conceptual-metodológico creado
para sostener el orden de todo el material fáctico que, en este sentido, se
posee sobre el conocimiento científico universal.
Palabras claves: ciencia,
concepto, conocimiento científico, enfoque sistémico-estructural, método de
investigación
ABSTRACT
This article focuses on the general structure of
science and, consequently, its cognitive-theoretical and methodological bodies.
In order to identify the structural levels that science should correspond to,
as well as the elements that make them up, the so-called systemic-structural
approach has been applied fundamentally, considered by the authors as a method
of processing the information collected in the research. , by way of locating
each of these elements within the system of relevant generality relationships.
Likewise, it was considered lawful to define each of the concepts treated for
the sake of the configuration of the theoretical system to which it is aimed
and to notice the degree of superordination, subordination and concomitance of
those, whose result is obtained by virtue of the application of the analytical
method- Synthetic as an intellectual method of processing information
collected, according to the classification of research methods by the authors.
The preponderant result achieved is found in the conceptual-methodological
system created to maintain the order of all the factual material that, in this
sense, is possessed about universal scientific knowledge.
Keywords: science, concept, scientific knowledge,
systemic-structural approach, research
method
INTRODUCCIÓN
Las ideas apremiantes
que se han de colocar en la palestra valorativa de este artículo giran en torno
a las siguientes hipótesis.
Primero. Que la idea basal por defender
y que ha de subsumir cualquier otro cuestionamiento ha de ser la relación
irremisiblemente dialéctica entre el conocimiento y el método correspondiente,
por lo que la unidad teoría-método debe constituir la conditio sine qua non de la existencia de la ciencia.
Segundo. Que la concepción dual del
universo es igualmente aplicable a la categoría de ciencia.
Tercero. Que la ciencia,
estructuralmente hablando, no escapa de los niveles de supraordinación, subordinación y
coordinación de los conceptos basales que la definen.
Cuarto. Que el aparato cognitivo-teórico y el
aparato metodológico devienen elementos constitutivos de la categoría ciencia.
DESARROLLO
Lugar de la ciencia
en el sistema de relaciones de generalidad de los conceptos teóricos
Surgida bruscamente en
el siglo V aC, la categoría ciencia ha sido focalizada por múltiples autores,
algunos de los cuales la han caracterizado como “…conocimiento racional,
sistemático, exacto, verificable y [sic]
por consiguiente [sic] falible
[sic]. Por medio de la investigación científica,
--continúa afirmando el autor citado-- el hombre ha alcanzado una
reconstrucción conceptual del mundo que es cada vez más amplia, profunda y
exacta” (Bunge, s/f, p.6). Permítannos detenernos brevemente en las
definiciones de este autor, no solo por su connotación en el estudio de la
ciencia, sino también por la latencia y trascendencia de sus ideas de base
sobre la objetividad en la investigación científica.
No es difícil advertir
que las expresiones empleadas no son más que cinco insanas, las primeras, y
tres insanas, las segundas, formas de palabrería que, como ruidos de latón,
suenan en la palestra de la definición de la categoría ciencia. Vacuas y vacías
palabras la de este autor, cuando sigue negando todo lo que en materia de
conocimiento científico la ciencia misma ha aportado y defendido.
Primero.
Caracterizar al conocimiento como racional, sistemático, exacto, verificable y,
por consiguiente, falible, con relación a su naturaleza científica, es
abocarnos a serias contradicciones, cuyo resultado final es un callejón sin
salida. Cuando de la naturaleza racional del conocimiento científico se trata,
es una perogrullada decir que es racional, pues el conocimiento empírico
también lo es. ¿Qué razones le asiste al autor para pensar que un conocimiento
exacto y, por ende, ya demostrado, debe ser verificable? ¿Cómo es posible que
el conocimiento sea exacto y, a la vez, falible, se entiende por esto último
aquel conocimiento erróneo, equívoco, incierto, inexacto e inseguro? ¿De qué
magnitud puede dignificarse una contradicción para que el pensamiento correcto
pueda tolerarla? El conocimiento científico es exacto, correcto, y no deja brecha
para ningún otro que trate sobre lo mismo. Cuando al trebejista cubano José
Raúl Capablanca, en 1927, alguien le preguntó cuántas jugadas advertía sobre su
tablero, lacónicamente respondió: “solo
una; la correcta”. Este conocimiento es, en el eterno sentido de la
palabra, trascendente.
Lamentablemente, en el
devenir regular de las investigaciones, los hombres asumen como verdades lo que
no lo es, pues “…la mente humana es maestra en proponer en cada época
construcciones dotadas de aparente
coherencia y pretendidamente
definitivas [la cursiva es añadida]” (Betto, 2009, p.196).
Segundo.
Decir que el hombre ha alcanzado una reconstrucción conceptual del mundo no es
otra cosa que expresar que la concepción que tiene el hombre del mundo ha sido
repensada, reconceptualizada, antes de ser pensada, conceptualizada. Nada que
no haya sido ejecutado por vez primera puede repetirse. De modo tal que
reconceptualizamos lo que ya fue conceptualizado en algún momento del devenir
histórico del conocimiento. De lo que rigurosamente se trata entonces es de
acentuar que entre el mundo y el reflejo que de él tenemos, al pensarse,
podrían mediar dos tipos de conceptos: el concepto empírico (preconcepto) y el
concepto científico (concepto), sin obviar que, para nosotros, el primero
constituye irrefutablemente la fuente del segundo. En eso consiste la
ponderación de la esencia del objeto de estudio.
La esencia es
imperecedera, independiente de que mute en la historia misma del concepto
científico, pues solo cambia en virtud de su ascensión a nuevos órdenes de
esencia del conocimiento teórico. Es muy probable que esto traiga a colación la
denominada teoría de la relatividad general de Einstein, en aras de explicar
los sistemas de referencia inerciales. ¿No sería harto contradictorio el hecho
de defender una teoría de la relatividad cuando del conocimiento correcto, por
ende, absoluto, se trata? En efecto, la fijación de los criterios de relación
es en extremo significativo, pues, al decir de Bertrand Russell, la teoría de
la relatividad fue creada, no para decir que el universo fuese relativo, sino
justo lo contrario: desde cualquier ángulo en el que se posesione el
observador, este debería observar –pensar-- lo mismo. ¡Nota bene! En este sentido, inamovible es la posición científica
de Engels (1878), al decir que “la matemática de los habitantes de otros
cuerpos celestes no puede basarse en
axiomas diversos de los nuestros [la cursiva es añadida]” (Engels,
p.43). ¡Genial! El conocimiento correcto es solo uno. Y aunque la ascensión de
las abstracciones los diferencie, responde a una determinada época histórica,
ellos no se diluyen en la anterior, sino que siguen abrazando en su seno la
esencia de su existencia.
Tercero.
Aseverar que la reconstrucción conceptual del mundo es cada vez más amplia,
profunda y exacta, como lo hace Bunge (s/f), son solos fárragos inútiles que
nada aportan a la dinámica y operatividad de la investigación científica.
¿Hasta dónde se sumerge lo profundo y hasta dónde se extiende lo amplio? Una
vez más, este autor oye el repiqueteo de campanas, pero no sabe de dónde viene
el sonido. Si la reconstrucción del mundo se traduce en conceptos de elevada
abstracción, en la que la exactitud se aproxima a lo invariable, entonces, ¿de
dónde sustrae Bunge (s/f) la cacareada y nada demostrada idea con arreglo a la
cual aquella reconstrucción es cada vez más exacta, si él mismo pasa afirmando
que el conocimiento científico es falible, propiedad que sí debe ser adjudicada
al conocimiento empírico, no al científico? El conocimiento empírico es un
conocimiento inacabado, propio de la vía inductiva de razonamiento; de ahí la
necesidad de continuar investigándolo a
posteriori, a través del razonamiento deductivo (hipotético). El
conocimiento empírico no es un conocimiento equívoco o especulativo, como en la
literatura especializada se ha tratado de afirmar; el conocimiento empírico es,
por antonomasia, un conocimiento inacabado y que podría ser correcto o no. Esto
último se debe, pensamos, a que la esencia, tras el objeto de estudio, no es
plenamente concientizada por el investigador, el cual no logra afirmar –o
negar-- su veracidad.
Como todo objeto de
estudio, la ciencia igualmente ha sido sometida a la clasificación. Si bien la
ciencia ha sido tipologizada en exactas, naturales y sociales (Engels,
pp.77-78), en ciencias formales, naturales y sociales (Carnap, 1955), también
se ha clasificado en ciencias formales y fácticas (Bunge, s/f, p.6) y en
ciencias duras (ciencias a secas, ciencias de la naturaleza) y blandas
(ciencias histórico-sociales) (Citado por Gil, 2003). Nos alineamos, sin
ambages, a la concepción filosófica del presbítero cubano F.Varela y Morales,
al señalar que “todas las ciencias son
exactas [la cursiva es añadida] y sería un absurdo decir que alguna de
ellas no lo fuera” (1992, p.117). En efecto,
En todos los casos, como
muestra el constructivismo genético en sus indagaciones, el “objeto” se
resiste, recula, puesto que la
realidad, en efecto, es organizable a través de nuestras teorías, pero no de
cualquier manera [la cursiva es añadida]. (Gil, 2003, p.162)
De ahí
la diversidad de clases conformadas sobre esta categoría, pero que algunas de
ellas no responden a un criterio estrictamente riguroso de clasificación.
Digamos, ¿cuál es el criterio que prevalece al clasificar las ciencias en
formales y fácticas? Según Bunge (s/f), las ciencias formales se fundamentan en
conceptos abstractos, pero no son objetivas porque su búsqueda no es el objeto
real, mientras que las ciencias fácticas se fundamentan en lo material, en los
hechos, en lo que puede observarse. Extremadamente vulnerables son las
ideas de este autor, como amalgama inconexa entre unas y otras. Esa es la razón
primordial por la que “los números –según este autor-- no existen fuera de
nuestros cerebros, y aún allí dentro [sic]
existen al nivel conceptual, y no al
nivel fisiológico [la cursiva es añadida]” (Bunge, s/f, p.6).
Primero.
Cabría preguntarle al señor Bunge qué entiende por concepto, por
abstracción, por lo objetivo,
el objeto real, lo material, los hechos, la observación y la relación
entre todos esos conceptos. Decir que la formalidad de una ciencia se sostiene
sobre un concepto abstracto es una perogrullada de mal gusto, pues todo
concepto es, por excelencia, abstracto, aunque no toda abstracción pueda entrar
en el mundo de la ciencia.
Cuando
en el Medioevo los teólogos y jerarcas de la Iglesia de Bizancio, se pierde el
tiempo en discusiones estériles, se aglutinaron para investigar si las
mujeres también tenían alma o cuántos ángeles cabrían por el hueco de la aguja
de una mezquita, la falta de objetividad los abocaba hacia un abismo
improbable. Por supuesto, como premisa a tales cuestionamientos, resultaba
imprescindible definir los conceptos de alma y de ángeles. Blandiendo así los
indicadores de Bunge, la conclusión sería que las ciencias formales y las
fácticas son una y la misma cosa, pues lo real, lo material, los hechos y las
abstracciones que de ellos se infieren son tan objetivos como la marcada
subjetividad de esas abstracciones. Las abstracciones son tan reales como los
objetos concretos y aquellas surgen sobre la base de los segundos. Las
abstracciones son tan reales que son susceptibles de someterse a investigación.
…Lo que no es verdad
--sentencia Engels-- es que en la matemática pura el entendimiento se ocupe
exclusivamente de sus propias creaciones e imaginaciones. Los conceptos de número y figura no han sido
tomados sino del mundo real [la cursiva es añadida]. Los diez dedos con
los cuales los hombres han aprendido a contar, a realizar la primera operación
aritmética, no son ni mucho menos una libre creación del entendimiento. Para contar hacen falta no sólo objetos
contables [la cursiva es añadida], enumerables, sino también la capacidad de prescindir [la cursiva es añadida],
al considerar esos objetos, de todas sus demás cualidades que no sean el
número, y esta capacidad es resultado de una larga evolución histórica y de
experiencia. También el concepto de
figura [la cursiva es añadida], igual que el de número, está tomado
exclusivamente del mundo externo, y no
ha nacido en la cabeza, del pensamiento puro [la cursiva es añadida]. Tenía que haber cosas que tuvieran figura
[la cursiva es añadida] y cuyas figuras fueran comparadas, antes de que se
pudiera llegar al concepto de figura. (1878, p.25)
Sucede
que lo objetivo es tan real como lo subjetivo. El conocimiento no surge de la
nada, sino de una realidad objetiva o subjetiva que reflejamos y que se
transforma en otra realidad, también objetiva y subjetiva; objetiva por su
existencia real; subjetiva porque es creada por un sujeto. La realidad (lo
real) no solo es material –objeto concreto--, sino también ideal (las
abstracciones). Es muy importante no obviar la idea, según la cual lo
observable no es solo la existencia real del objeto material, sino también lo
ideal. ¿Acaso no pueden ser observados cada uno de los pasos que, dentro de un
algoritmo matemático, siguen los estudiantes y los profesionales para hallar la
solución de un problema determinado en ese campo del saber? ¿Cómo es posible
que los profesores, por ejemplo, asignen valores a cada uno de los pasos de la
resolución de un problema, si estos últimos no tienen existencia real, como lo
trata de defender Bunge, o sea, no tienen objetividad? Demás está decir que la
observación no es privativa de las ciencias naturales o fácticas como las llama
Bunge, sino también de las ciencias formales, dicho en su jerga. ¿Qué definir
entonces como introspección, para la psicología? No solo es susceptible de ser
observada la conducta expresada en el plano externo de lo psíquico, sino
también la conducta en su plano interno. ¿Por qué? Pues porque la dialéctica
del pensamiento lógico lo dicta. Nada existió en el plano externo de lo
psíquico que no tenga lugar simultáneamente en su plano interno. Lo interno y
lo externo, lo objetivo y lo subjetivo, son tan reales como el vaso que Ud.
llena de agua para satisfacer su sed.
De
todo esto debe inferirse que el criterio de clasificación adoptado por este
autor para la clasificación las ciencias es filosóficamente inconsistente y
psicológicamente hostil y antagónico al análisis científico de la realidad que
se pondera. Un criterio de clasificación descalabrado no puede dar al traste,
bajo ningún concepto, con la objetividad de la realidad que se investiga.
¡Dadme un único criterio de relación –de clasificación, en este caso-- y haré
ciencia!, gritamos los autores de este artículo, a viva voz.
Veamos, sin embargo, cómo
Engels resuelve la problemática de la clasificación de las ciencias, bajo un
único criterio de relación --clasificatoria.
…Podemos dividir todo el
ámbito del conocimiento en tres grandes sectores. El primero comprende todas
las ciencias que se ocupan de la
naturaleza inerte [la cursiva es añadida] (…) La segunda clase de
ciencias es la que comprende la investigación
de los organismos vivos [la cursiva es añadida] (…) el tercer grupo de
ciencias, el grupo histórico, que estudia
las condiciones vitales de los hombres, las situaciones sociales [la
cursiva es añadida], las formas jurídicas y estatales con su sobrestructura
ideal de filosofía, religión, arte, etc., en su sucesión histórica y en su
resultado actual. (1878, p.78)
Se
asume como criterio de clasificación el carácter de la naturaleza, este
connotado hombre de ciencias las clasifica a favor de la naturaleza inerte,
viva y social-histórica. ¡Correcto! La coherencia y consecuencia lógicas
distinguen su máxima impronta en esta relación clasificatoria.
Segundo.
Confunde el autor los niveles de movimiento de la materia y asume como
verdadera una insalvable brecha entre dos niveles que no tienen nada que ver en
el plano singular de análisis, a no ser como puntos nodales de relación de
medida en el plano general de dichas formas de movimiento, al decir: lo que
existe a nivel conceptual, no existe a nivel fisiológico. ¡Tamaña extravagancia
tautológica! El supuesto hombre de ciencias que se permite redactar ese
galimatías en un conocimiento metodológico tan crucial como la definición de un
criterio de clasificación bien puede construir un edificio cognitivo que en
nada se distancia de la más rancia empiria.
Sobre la definición
de la categoría ciencia
Creemos
no sea ocioso, por último, focalizar la
definición que del concepto de ciencia nos enuncia Bunge (s/f).
La ciencia --expresa el
autor-- es un conjunto de disciplinas dedicadas
a la búsqueda de información sobre un cierto tema, es decir, al
conocimiento. Su función es explicar,
descubrir e inventar [la cursiva es añadida] algo que sea verdadero y
válido para toda la humanidad, a través de la investigación y del método
científico. (p.6)
Aquí hay mucha tela por donde cortar, pero nos falta espacio para el
despliegue del análisis necesario. Por ello, solo nos detendremos en los puntos
siguientes, respondientes al objetivo de este artículo.
Primero. Método
científico y conocimiento científico no son una y la misma cosa. Mientras que
el conocimiento es un reflejo subjetivo que de la realidad se obtiene y que
puede o no coincidir con las leyes del comportamiento de dicha realidad, el
método, por su parte, es aquella acción con la que se actúa sobre esa realidad,
transformándola. Cabe la salvedad de que no hay argumentos que puedan defender
el carácter científico del método, o sea, de una acción. Pensando vagamente, si
hubiera acciones científicas, no tendríamos más que formarlas en el estudiante
y, por consiguiente, el conocimiento que necesariamente obtendríamos sería
compatible con él: el conocimiento científico.
Pero lamentablemente no es así. La misma acción –de investigación— puede
ser ejecutada por un estricto hombre de ciencia y por el campesino que nunca
asistió a la escuela. ¡Y el resultado podría ser el mismo¡ ¿A qué se debe esto?
A que el conocimiento científico del campesino podría ser perfectamente comparable
al del hombre de ciencia, solo que, en el primero, la esencia del conocimiento
resulta encubierta, desconocida.
El campesino sin educación superior podría describir propiedades
determinantes de la tierra sometida a cultivo, debido a su color, textura y
olor, todas propiedades perceptuales, y no estaría lejos de acertar en lo
fructífero de su cosecha. Esa es la razón cimera por la que hablamos del
carácter inacabado del conocimiento empírico. El campesino podría describir su
inigualable cosecha, pero jamás explicar las causas, las contradicciones ni las
leyes que la hicieron posible, entre otros indicadores. De todo se desprende
que el método –como acción-- es a la investigación como el conocimiento
científico es a la ciencia.
Segundo. Eso nos
conduce razonablemente a pensar que una cosa es conocimiento científico ya
obtenido y, otra bien distinta, la hipótesis de la investigación científica
que, una vez confirmada su veracidad, deviene conocimiento científico.
Tercero. De
acuerdo con este razonamiento, la ciencia no es la búsqueda de información,
sino un sistema de conocimientos científicos ya confirmados. Por supuesto, ese
sistema cognitivo-teórico tuvo como fuente la investigación –la búsqueda, si es
que así deseáramos denominarle--, pero ya no se reduce a ella. No es lo mismo
ir a comprar un objeto que ya haberlo comprado. Buscar información es una
acción que termina cuando la hemos obtenido. Y la ciencia es conocimiento
correcto obtenido. Por cierto, que no deberíamos hablar de información, sino de
conocimiento, pues este último apunta al carácter activo de las personas y que
se ponen en juego durante el peliagudo proceso investigación. En la
investigación, primero se busca –se recopila— información y, luego, se procesa de acuerdo con el objetivo de la
investigación y, con ello, se avanza a tenor de la obtención del conocimiento
acabado correspondiente. Dicho de otro modo, el conocimiento correcto,
científico o teórico resulta de la aplicación rigurosa, del estricto control de
variables en la que se haya sometido el objeto de estudio.
Cuarto. La
función de la ciencia, a nuestro modo de ver, no es explicar, ni descubrir ni
inventar algo, pues de lo que se trata es de que ella se anticipe, en virtud de
los conocimientos científicos obtenidos, a determinados hechos, sucesos,
fenómenos, que tendrán lugar en la realidad y que deben ser controlados a favor
de la vida y la satisfacción de las necesidades sociales humanas. Cuando Ud.
investiga científicamente, obligatoriamente aprende conocimientos de igual naturaleza
y eso pasa a constituir –para Ud. o para la humanidad— una plataforma cognitiva
que, a posteriori, será
aplicada en aras de salvar la existencia en cualquiera de sus expresiones. Con
el método científico –tal cual lo refería F.Bacon, en el siglo XVII, y que
llega casi incólume hasta nuestros días, el investigador explica, argumenta,
comprueba, justifica, en última instancia, demuestra, pero no lo hace cuando ya
el conocimiento científico se obtuvo. ¿Ya para qué? No confundamos lo
histórico-lógico como método de investigación con los conocimientos
sistematizados que, en virtud de ese método, ya se obtuvieron.
Por último, el autor de aquella
definición deja entredicho la diferencia de la investigación con relación al
método científico, como si no fueran lo mismo. ¿No es la investigación –en su
plano instrumental-- la aplicación del método científico?, ¿podría Ud.
investigar sin emplear métodos de investigación o viceversa?
Grosso modo, la pretendida estructura que a la ciencia debemos conferir debe quedar
conformada, pensamos, por un aparato cognitivo-teórico y un aparato
metodológico.
Cuando
de la categoría de ciencia se
trata, entonces el aparato cognitivo-teórico y el aparato metodológico deben
subordinarse a dicho concepto general, devenido unidad de la diversidad de sus
elementos constituyentes. Engels (1878) lo apunta bajo estricta esencialidad:
el pensamiento consiste tanto
en la separación de objetos de
consciencia [la cursiva es añadida] en sus elementos cuanto en la unificación de elementos [la
cursiva es añadida] correspondientes en una unidad. No hay síntesis sin
análisis… (p.29)
Y esa unidad le atañe,
en el sistema teórico que se construye, a la categoría ciencia. Al desglosar
dicha categoría en sus elementos privativos correspondientes, pensamos que debe
ser supraordinada sobre los conceptos de lo cognitivo-teórico y lo metodológico.
Veamos.
Al elaborar un sistema
cognitivo-teórico, no podemos prescindir de las relaciones estructurales y
funcionales que necesariamente existen entre los conceptos teóricos que lo
conforman. Mientras la relación funcional explica la interdependencia de causa-efecto entre dos o más
conceptos, la relación estructural
describe el orden que entre ellos debe existir en dicha estructura.
Permítanos una urgente digresión.
Primero. Que todo sistema conceptual está configurado
por conceptos teóricos o científicos, pues los conceptos de naturaleza empírica
no pueden ser reducidos a un sistema. De este modo, cuando de sistema se trata,
se alude, por antonomasia, a la estructuración por niveles de conceptos de
naturaleza teórica.
Segundo. Que
lo cognitivo, como unidad que sintetiza el conocimiento, puede ser tanto de
naturaleza empírica como teórica. Pero cuando de ciencia se trata, solo podemos
aludir al conocimiento científico.
Tercero. Que el concepto, como expresión basal del
conocimiento, puede también clasificarse en empírico y científico. Pero cuando
de ciencia se trata, solo se aduce al concepto científico, a lo
cognitivo-teórico, no al concepto empírico o preconcepto, también relevante,
cuyo significado se lo adjudicamos al constituir la fuente del concepto
científico. El concepto empírico es resultante del método inductivo –del hecho
al concepto empírico--, en tanto el concepto científico resulta de la
aplicación del método deductivo – del concepto empírico al concepto científico.
Sobre el particular no nos detendremos por falta de espacio (ver Bermúdez
Sarguera, R. y M.Rodríguez Rebustillo (2018).
Cuarto. De ahí que todo sistema –teórico por
antonomasia— descanse en los conceptos teóricos de mayor o menor nivel de
generalidad.
Quinto. Si bien en la literatura especializada se
aboga por la existencia de los denominados mapas conceptuales con el fin
expreso de organizar los conceptos teóricos, pensamos que nada más lejos de ese
objetivo, toda vez que dichos mapas, a juicio nuestro, no son más que el
desvarío epistémico de relaciones gramaticales, en las que una misma relación
de conceptos puede hallarse bajo múltiples expresiones lingüísticas, que nada
tienen que ver con el conocimiento científico, con un sistema de conocimientos.
De ahí que defendamos
el concepto de pirámides conceptuales, en las que, bajo la rigurosa aplicación
del enfoque sistémico-estructural, los conceptos se ubican en el sistema de
relaciones de generalidad pertinente, en el lugar que dichas relaciones dicten
(ver Bermúdez Sarguera, R. y M. Rodríguez Rebustillo (2018).
Apuntando al mismo
orden de generalidad, la relación estructural puede ser de dos tipos. En
dependencia del grado de generalidad que existe entre los conceptos, se
producen relaciones de supraordinación y subordinación; por ejemplo, esto puede
observarse al correlacionar los conceptos de actuación, actividad
y comunicación, en el campo de
la psicología, en la que los conceptos de actividad y comunicación
se subordinan al concepto de actuación
y, este último, se halla supraordinado al de actividad y comunicación.
En función del grado de concomitancia,
las relaciones serán de coordinación; por ejemplo, este tipo de relación puede
advertirse entre los conceptos de actividad
y comunicación que se sitúan al
mismo nivel de generalidad y cuya integración da lugar al concepto teórico de actuación, en nuestro sistema
cognitivo-teórico para el campo de la psicología como ciencia.
Esto nos conduce a afirmar que los
conceptos que se ubican dentro de un sistema dado pueden dar lugar a la
formación de principios o de leyes, al ser relacionados entre sí.
Entendemos como principio, la
relación existente entre dos o más conceptos generales en un mismo campo del
saber teórico. Así, podemos encontrar, dentro de la ciencia psicológica, el
principio que expresa la unidad entre el sujeto y su actuación concreta. En
este caso, los conceptos de sujeto y actuación son concomitantes, en tanto se
hallan a un mismo nivel de generalidad. Dicho principio nos explica que no hay
actuación sin sujeto que la lleve a cabo y, al mismo tiempo, la condición de
que un individuo devenga sujeto se sustenta en la posibilidad de ser regulado
por otro y, por ende, de interactuar con la realidad, es decir, de realizar la
actuación correspondiente.
Por
su parte, la ley expresa la
relación estable, interna y esencial entre los conceptos de máxima generalidad
y, por ende, de máxima aplicabilidad. Digamos, en el campo de la química, la
ley periódica explica que las propiedades de los elementos químicos dependen de
la estructura del átomo y varían de manera sistemática con el número atómico.
Esta ley relaciona dos conceptos de máxima generalidad, a saber, el concepto de
número atómico y el concepto de propiedad periódica.
En síntesis, todo
sistema de conocimientos –nótese que enfatizamos el término de sistema,
abordado más arriba— puede ser desglosado en su aparato cognitivo (teórico) y
en su aparato metodológico. No hay ciencia sin conocimiento científico, como no
hay conocimiento científico sin la aplicación de un método, con sus
procedimientos y medios correspondientes, configurándose así el aparato
metodológico de la ciencia. Si bien el aparato cognitivo se configura a través
de los cuerpos legal y categorial de cualquier campo del saber científico, el
cuerpo legal, a su vez, debe estar conformado por las leyes y los principios
que a ese campo atañen, como las categorías y los conceptos basales que la
erigen.
Como habíamos referido,
el aparato metodológico de toda ciencia debe quedar sistematizado por las
relaciones jerárquicas entre los métodos, los procedimientos, --como formas de
instrumentación de los métodos-- y los medios, como elementos basales del
sistema a través de los cuales se objetivan los métodos –condiciones de
aplicabilidad del método. Permítanos esquematizar lo dicho (ver esquema 1).
Esquema 1
Estructura
general de las ciencias, según Bermúdez-Rodríguez
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Ciencia |
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Aparato Cognitivo (teórico) |
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Aparato Metodológico (instrumental) |
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Cuerpo legal |
Cuerpo
categorial |
Método |
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Leyes Principios |
Categorías Conceptos |
Procedimientos (técnicas) |
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Medios |
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(instrumentos) |
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Nota. Este esquema muestra la estructura
general de las ciencias, con las relaciones jerárquicas entre los métodos, los
procedimientos elaboración propia.
Si tuviésemos que
establecer las relaciones necesarias entre los conceptos del cuerpo categorial
del aparato cognitivo, entonces estaríamos sujeto a definir el concepto como
aquella generalización –abstracción— que ha de incluir los indicadores de
esencia que, a nuestro modo ver, deben ser inherentes al concepto científico, v.g., las propiedades determinantes del objeto de estudio, las
contradicciones que le son inherentes, las causas de su surgimiento, las leyes
de su comportamiento y las tendencias de su desarrollo. Sobre el
particular, puede consultarse Bermúdez Sarguera, R. y M. Rodríguez Rebustillo
(2018).
Estos enunciados, por
así decirlo, no tienen por sí mismos ningún atractivo debido al vacío de
contenido. Por ello, nos parece atinado añadirles contenido, tomado de las
relaciones que configuran un campo del saber como el de la metodología.
Parecería que hasta
aquí habríamos dado al traste con el enfoque estructural que sobre la categoría
ciencia aplicamos, pero ¿qué
sucede cuando de la ciencia metodológica en sí misma se trata?
Si somos lo
razonablemente estrictos a la hora de relacionar la categoría ciencia, tal cual
la hemos definido, con la metodología como ciencia, no sería difícil advertir
que habremos entrado insalvablemente en un callejón sin salida.
En efecto, si la
estructura general de la ciencia, a nuestro juicio, es un sistema de
conocimientos teóricos al que se integra su cuerpo metodológico, entonces ¿qué
resulta cuando de la metodología como ciencia se trate?, ¿no sería lógico
pensar que, si la ciencia posee un cuerpo metodológico, entonces la metodología
como ciencia ha de estar sujeta igualmente a la posesión incuestionable de un
cuerpo de la misma naturaleza metodológica? De responder afirmativamente a
estas preguntas, estaríamos abogando por la tautología que sin ambages florece,
pues la simple repetición que en el predicado aparece es justo lo que ya está
dicho en el sujeto, a saber, a la metodología le es privativo un cuerpo
metodológico. ¿Cómo resolver esta contradicción?
A estos
cuestionamientos, volveremos en próximos trabajos, no sin antes considerar,
como idea definitoria de la investigación, la exclusiva diferencia de los
objetos de estudios en los campos del saber científico, sin la cual habríamos
olvidado a Descartes para siempre, con sus Reglas para la dirección del espíritu: dividir el todo en la
mayor cantidad de partes que sea posible; ahí reside la investigación, gritaba
a todo pulmón, el filósofo y matemático francés, en el siglo XVII.
La
ciencia, bajo el enfoque sistémico-estructural, podría ser definida como la
unidad del conocimiento científico –aparato cognitivo teórico— con el método
que se obtiene –aparato metodológico.
El
aparato cognitivo-teórico debe estructurarse sobre la base de los cuerpos
categorial y legal correspondientes. Mientras que el cuerpo categorial debe
estar configurado en categorías y conceptos, propios del campo del saber
específico, el cuerpo legal ha de responder a los principios y leyes privativos
de ese campo.
El
aparato metodológico debe construirse a tenor de los métodos de investigación
susceptibles de ser aplicados a ese campo de saber dado y sus correspondientes
procedimientos y medios metodológicos. Sin método no hay teoría, como no existe
teoría que no se sostenga sobre la base del cuerpo de métodos correspondientes.
La teoría y su método se presuponen y se excluyen inexorablemente, como toda
unidad dialéctica.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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(2003). ¿Ciencias duras y
ciencias blandas? Una falsa
dicotomía. Versión escrita de la Conferencia presentada el 31 de octubre
de 2003, en el marco del VIII Foro de Investigación: Congreso Internacional de
Contaduría, Administración e Informática, organizado por la División de
Investigación de la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM.